Muchas veces se piensa erróneamente que las abejas son débiles frente a las avispas porque mueren al picar. ¡Nada más lejos de la realidad! Esto se debe al conocido “efecto diana”.
Este efecto es una característica perfeccionada durante aproximadamente 100 millones de años, mediante la cual una picadura desencadena la liberación de feromonas que provocan una acción defensiva conjunta dirigida al lugar de la agresión.
Para entenderlo mejor: cuando un oso detecta una colmena en la naturaleza, las abejas defensoras intentan alejarlo cuando aún está a cierta distancia (la cual varía según la fuerza de la colmena). Si la defensa inicial falla y el oso ataca la colmena, cada vez más abejas tratan de picar, aunque sin éxito debido al espeso pelaje que impide clavar el aguijón. Entonces, la abeja más perspicaz logra picar la nariz o los párpados del oso, liberando su aguijón serrado. En ese momento, el acetato de isoamilo, entre otras sustancias, entra en acción, haciendo que instintivamente acudan y ataquen en grupo el área dolorosa señalada, lo que provoca la huida del oso y la supervivencia de la colmena.
En las colmenas manejadas por nosotros, evitamos este proceso mediante el uso del humo, que entre otras cosas enmascara el olor emitido por las glándulas de Koschevnikov. De no ser así, el efecto diana desencadenaría un ataque que se propagaría por todo el colmenar, impidiéndonos incluso observar a través de la rejilla de la carilla (protección de la cabeza).
Lecciones de las abejas: el efecto diana.